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viviti

Aunque sólo me quede un ala

 

Las puertas de frío metal se abrieron repentinamente. Un autómata apareció tras ellas y lo invitó a pasar a dentro. Nada más entrar las puertas se cerraron tras ellos, sin dejar que la luz del día entrara en el lugar, iluminado siempre con aquella luz artificial.

El autómata iba delante mostrándole el camino, pero él no lo necesitaba, conocía de memoria todos aquellos pasillos.

Al final llegaron a una especie de patio, el techo estaba cubierto de cristal, por lo tanto aquel era el único lugar del edificio en el que entraban unos pocos de rayos de sol.

El autómata corrió hasta una puerta que había atravesando el patio, y tecleo un código de acceso en un pequeño panel que había al lado. La puerta era más grande que las demás, y por lo visto, tenía más medidas de seguridad que el resto.

El hombre caminó hacia allí y se paró frente a la puerta, esperando a que esta se abriera. Sin ningún sonido las puertas se movieron hacía los lados, permitiendo el acceso a una amplia sala que se encontraba completamente a oscuras. Se quedo quieto, casi temeroso de entrar a que le asignaran su nueva misión.

- Pase por favor, general Gingetsu.

La voz de una anciana salió del interior de la sala, y el hombre entró.

Cuando sus ojos se acostumbraron, puedo ver las caras de los cinco sabios mirándole inquisitivamente.

-Bueno, supongo que se preguntará porque lo hemos traído aquí, en vez de mandarle un mensaje con su misión, como es costumbre.

El hombre centró su mirada en la anciana que seguía hablándole.

- Esta misión-continuó- es más importante que el resto, y no podemos correr el riesgo de que nadie se entere. Tiene que buscar a esta persona.

En medio de la sala apareció un holograma que mostraba a una chica. No tendría más de 15 años. Tenía el pelo y los ojos negros, que resaltaban en su pálido rostro.

- Su nombre es Kôri Akaru. Tiene 15 años, y en estos momentos no sabemos donde está, le hemos perdido la pista. Ahora se le entregará un informe con los sitios donde fue vista por última vez. Cuando la haya encontrado, tráigala aquí inmediatamente.

Gingetsu afirmó, se inclinó y se dio media vuelta, pero las puertas no se abrieron.

- Recuerde, que no está permitido que hable de su misión con nadie más, y por supuesto, tampoco con el señor Kazuhiko.

-Lo se, no se preocupe.

Las puertas se abrieron y él avivó el paso y salio rápidamente del edificio, sin prestar atención al autómata que lo seguía para mostrarle la salida.

Llegó a casa y miró durante unos minutos el informe, luego se puso de pie y caminó hacia la puerta.

- ¿volverás a la cena?- el trébol de tres hojas lo miraba desde la entrada.

- No, no se cuando volveré, no te preocupes.

La puerta se cerró y el chico se quedo mirando la puerta con aire preocupado.

El teléfono sonó insistentemente, al final el chico salio de sus pensamientos y descolgó el auricular.

-¿diga?

-…

- no, no está acaba de irse.

-…

- ¿eres Kazuhiko?

-…

-Bueno, la verdad es que... no se a donde a ido ni cuando volverá.

-…

- Entonces hasta otra. Adiós.

Click.

El chico camino a su habitación.

 

***

 

La chica recorría las calles de aquel barrio escondiéndose entre la gente. De vez en cuando miraba hacia atrás, como si tuviese miedo de estar siendo perseguida. Llego a un callejón y torció, se apoyo contra la pared, miró por última vez a la calle, y entró sigilosamente por la puerta.

- Hola Kôri, pensé que no llegarías.

La chica se quito un abrigo que llevaba, camino hacia el chico que la esperaba sentado en un sofá, y se sentó junto a él.

- Lo siento,- dijo mientras le besaba-. He tenido que dar un rodeo para que no me vieran.

- No importa pequeña.

Ella apoyo su cabeza en su pecho y él joven comenzó a acariciar su corta melena negra.

- No me cogerán ¿verdad?... no me apartarán de ti...

-Ssssh... No te preocupes, no dejaré que te pongan un dedo encima.

La chica sonrió para si misma.

-Te quiero Ôkami...

Y poco a poco se durmió placidamente mientras él seguía acariciando su cabello.

 

***

Gingetsu conducía su coche sin rumbo, simplemente tratando de buscar a la chica. ¿Qué habría hecho para que fuese tan importante? Parecía demasiado joven como para haber hecho algo excesivamente grave… Miró la fecha en el reloj del coche y recordó que, mañana, haría unos años que Suu se había destruido. Le había prometido a Kazuhiko visitar las ruinas del parque de las Hadas, y lo había olvidado por completo… Un trébol… trébol de cuatro hojas… ¿Por qué tuvo que existir? Es cruel que una persona exista para estar sola…

Cansado de seguir pensando y viendo que sería imposible seguir buscando, volvió a casa.  Cuando llego, Ran, el trébol de tres hojas,  le contó que Kazuhiko había llamado, cogió el teléfono y le llamó para decirle que no podría ir.

-¿Kazuhiko? Soy Gingetsu.

-…

- Si, ya me acordaba, por eso te llamaba. No podré ir, lo siento.

-…

- Si, tengo una misión.

-…

- Ya nos veremos. Hasta pronto.

Durante la noche, Gingetsu trató de descansar, y finalmente, dando por imposible conciliar el sueño, salió a la calle. Cogió su coche y condujo en dirección al edificio que visitó esa misma mañana. Al verle entrar, la anciana lo miró extrañada.

- ¿A que ha venido, General Gingetsu?

- Siento molestarlos a estas horas, pero he estado rastreando el sitio que me indicaron, y no he hallado nada sobre el sujeto. ¿Lo han visto en algún otro lugar?

- Sí. Poco después de su visita esta misma mañana, nos han enviado un mensaje, pero no hemos podido localizarle.

-Gracias por la información, volveré a la búsqueda.

 

***

 

La luna brillaba en el cielo, oculta de vez en cuando tras las nubes. La ciudad dormía en calma, sin disturbios que la despertarán a aquella temprana hora.

Kôri, abrió los ojos sobresaltada, aun apoyada sobre el pecho de Ôkami. Se levantó y caminó en silencio hacía la puerta.

-Viene alguien-susurró alertada.

Ôkami se despertó.

-Escóndete en algún sitio. ¡Rápido!

Kôri abrió un armario y se escondió en su interior, deseando que todo fuese una falsa alarma y nada en verdad pasará, pero en el interior, ella sentía que no era así.

Alguien golpeó la puerta. Ôkami caminó tranquilamente hacia la puerta.

- Hola, ¿Quién eres? ¿Qué se te ha perdido por aquí a estas horas?

- Buenas Noches ¿Está aquí Kôri Akaru?

-No se de quien hablas- Ôkami empujó la puerta para cerrarla, pero Gingetsu la sujeto con fuerza.

- Déjame pasar, por favor.

-¡Aquí no hay ninguna Kôri, o como quiera que se llamé! ¡Déjame en paz! ¡¿O no ves la hora que es?!

Gingetsu empujó la puerta y Ôkami callo al suelo.

- No me mientas. Me han dicho que está aquí, no quería entrar por la fuerza, pero tú te lo has buscado.

-¡No le toques!- gritó Kôri saliendo precipitadamente del armario.

-Valla, valla… - dijo Gingetsu fingiendo sorpresa- Señorita, me han mandado a buscarte, hay alguien que quiere hablar contigo.

- ¿a si? ¿Quién? ¿Por qué no viene él mismo aquí?

-¡Kôri! ¡Márchate!

La chica miro a su compañero, se había puesto de pie junto al extraño. Corrió hacia ellos. Fue todo demasiado rápido, Gingetsu no se lo esperaba, la muchacha lo empujó haciéndole tambalear y los dos muchachos salieron corriendo.

El general salió fuera pensando en seguirlos pero… a la chica le habían salido dos alas de metal y los dos jóvenes volaban ahora perdiéndose de vista en el oscuro cielo.

- Entonces… ella es… ¿un trébol?

Subió rápidamente al coche y decidió hacer una tercera visita a los cinco sabios.

- Lo siento, ahora no puede pasar- un autómata trataba de impedirle el paso al interior de la sala.

- ¡Quítate de en medio! ¡No he venido a hablar con un maldito autómata!

En el patio los primeros rayos del sol comenzaban a atravesar el cristal del techo. El autómata seguía frente a la puerta sin ninguna intención de ceder a las peticiones del general. Este tenía los puños cerrados con fuerza y no parecía muy dispuesto a aceptar que un autómata le dijera nada.

- ¡Te he dicho que te quites!- alzó el brazo amenazadoramente, pero en ese instante, la puerta se abrió.

Entró en la sala sumamente enfadado, exigiendo una explicación a todo aquello.

- ¿Quién…no, ¡¿Qué es ella?!

- Cálmese general Gingetsu-dijo la anciana impasible.

- Lo… lo siento

- ¿qué ha ocurrido?

Los cinco sabios lo miraban, y en un momento el general recuperó su templanza y se sintió incomodado por aquellas miradas.

-Encontré a la chica y a su compañero. Iba a traerlos aquí, pero a la chica le salieron dos alas de la espalda, y salieron volando… ¿es un… trébol?... pero, tiene demasiado poder…

- No lo sabemos. Queríamos traerla aquí para hacerle algunas pruebas y verificar su rango, porque tiene que ser un trébol.- La anciana miró fijamente a Gingetsu.- Confió en que sepa que esto solo se lo he dicho para que siga adelante con su misión.

- … Por supuesto.

- Acaban de decirme que han encontrado a ambos jóvenes, valla al lugar que se le indicará.

- De acuerdo, adiós.

 

***

 

Kôri descansaba junto a Ôkami, extenuada después de haber conseguido escapar. Los dos muchachos se encontraban en un lugar que no conocían, las ruinas de alguna vieja construcción.

- ¿te encuentras bien?- el chico la miraba aun con preocupación, sabía que si los encontraban allí, tendrían pocos intentos para volver a salir ilesos. Kôri asintió lentamente, estaba cansada, quería dormir un poco para recuperar fuerzas, pero sabía que no podía, no había tiempo.

De repente desde las rocas caídas apareció un hombre.

- Señorita Akaru, ¿querría acompañarnos, por favor?

Kôri se levanto aparentando una fortaleza que no sentía.

- ¡Dejadme en paz! ¡No quiero ir a ningún sitio!... no quiero separarme de Ôkami.

- Nadie ha dicho que tengas que hacerlo…

Kôri acabó enfurecida, las lágrimas luchaban por brotar…

- Como Suu… ¿verdad? ¿Qué le dijisteis a ella?...- detrás de las piedras había más gente, de repente todos se callaron, Ôkami bajo el rostro con una sombra de tristeza.

- ¿Conociste a Suu?- Gingetsu que acababa de llegar escucho la ultima frase de la chiquilla.

- Era… mi hermana.-Ôkami habló… su voz parecía distante, pero en el reinante silencio el susurro era perfectamente audible.

- No sabía que la señorita Suu tuviese algún hermano.- Gingetsu no creía que en verdad el joven y Suu tuviesen lazos de sangre.

- ¿no lo sabías? Es una pena, pero tampoco creo que hablarás mucho con ella… ¿o me equivoco?, tal vez ni siquiera ella lo supiera… era demasiado pequeña cuando os la llevasteis.- Ôkami se puso en pie lentamente.- Pero eso no importaba, ¿verdad? Era más fácil encerrarla, porque tenías miedo de ella, ¡miedo de una pequeña niña!

Gingetsu no contestó. El eco de los gritos del joven retumbaba entre las rocas…

- Y ahora ella está muerta… y queréis que Kôri acabe igual, ¿no es cierto?... ¡Malditos!- Ôkami sacó una navaja del bolsillo de su pantalón y corrió hacia Gingetsu. Este no hizo movimiento alguno.

Uno de los hombres que había detrás sacó un arma y apuntó al chico. Kôri reaccionó y saltó delante de Ôkami desplegando sus alas.

Un disparo. Una de las alas de la muchacha se rompió… ella se dio media vuelta y cogió a Ôkami en brazos.

Salieron volando.

-¡Kôri! ¡Bájame! No te quedan fuerzas… solo tienes un ala… no, no lo intentes

La chica sonrió… una sonrisa con un tinte melancólico, miró a Ôkami a los ojos…

- Aunque solo me quede un ala…- dejó a Ôkami en un saliente muy por encima de los hombres que ahora los miraban atónitos. Algunos apuntaban con sus armas hacia ellos, pero Gingetsu les había prohibido disparar.- aunque solo tenga esta ala…- Kôri seguía en el aire, pero no podía acabar la frase. Cerró los ojos y cayó.

- ¡¡¡¡KÔRI!!!!- Ôkami, asomado al borde del precipicio estiraba en brazo intentando agarrar a la muchacha pero era demasiado tarde, ella caía en picado. Cerró sus ojos sin querer ver el desenlace de todo aquello. Aquellos ojos, esos ojos verdes, eran iguales a los de Suu.

Un golpe. El chico se hecho hacia atrás… se apoyó contra una roca y escondió la cabeza entre sus brazos.

- De nuevo, otra vez la historia se repite… no, ellas no eran tréboles de cuatro hojas, porque los tréboles de cuatro hojas, traen suerte… no desgracia.

Otra persona paseaba por aquel lugar desierto. Giró la cabeza y vio caer a la chica, con tan solo un ala en la espalda.

-¿Suu?- aquel nombre salió de su boca sin casi pensar en ello.  Se puso de pie y caminó hacia el lugar donde había caído la chica. Miro escondido detrás de una piedra, pero alguien notó que el estaba allí. Gingetsu se cruzó con su mirada, y se acercó a él.

- ¿Qué haces aquí, Kazuhiko?- pero pronto se dio cuenta de que era el día en que Suu había muerto, en ese mismo lugar.-  Lo siento.

-Ella… ¿era un trébol… de cuatro hojas?

- Los tréboles de cuatro hojas no existen- Ôkami, que se encontraba tras ellos, respondió con una sonrisa un tanto irónica. En sus mejillas aun había rastros de las lágrimas que acababa de secarse. Se dio la vuelta y, lentamente, abandonó aquel lugar para siempre.

 

Fin

 

 

 

 

 

 

 

 


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