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viviti

LA LLAVE DEL PODER

 

CAPITULO 2:

  

    - ¿Y quien diablos eres tu?- el nigromante miraba al misterioso joven con odio y rencor, mientras seguía sacudiéndose la túnica, que aun dejaba escapar pequeñas volutas de humo gris.

Una sombra de profundo odio cruzó fugazmente el rostro del muchacho, que al momento recuperó su cínica sonrisa.

   - ¿No me reconoces, Mórnan, hechicero jefe de la 3ª división del ejército de la Luna Oscura? Claro, es normal que no recuerdes el rostro de uno más de vuestros prisioneros, pero seguro que recordarás el nombre del que en su día fue mi poblado: Loikolícuma.

La sorpresa tiñó los rostros de los hechiceros, que ahora observaban al muchacho con atención y cierto grado de temor. El nigromante al que el joven había llamado Mórnan lanzó un quedo gruñido y se llevo la mano a uno de los múltiples saquillos de componentes de hechizos que colgaban de su cinturón.

   - Ni lo intentes.- le advirtió el joven.- Te vencí una vez, y no dudes en que puedo volver a hacerlo. Además – rió despreciativo- ¿realmente crees que soy tan imbecil como para presentarme aquí solo? No, Mórnan. Ésta vez sois vosotros los que estais en peligro.

Mórnan miró a su alrededor sopesando las posibilidades que tenían de escapar. La posada estaba en completo silencio y todos observaban la escena con pasmada atención. Wincy se había alejado varios metros, y ahora estaba protegida tras un grupo de parroquianos que miraban a los hechiceros con creciente recelo.

De pronto, con un grito salvaje que parecía surgir de lo más hondo de su ser, en las manos del nigromante se conjuró una gran bola de fuego que éste lanzó contra el joven y la multitud con una furia ciega.

   - ¡¡¡AL SUELO!!! –gritó el muchacho mientras la bola pasaba rozándole el hombro y seguía su devastador avance, hasta estrellarse detrás del mostrador, destruyendo a su paso varias mesas y haciendo explotar la gran mayoria de los barriles de cerveza que había, aunque sin causar heridos.

De detrás del mostrados asomó la regordeta cabeza de Koron, al que la bola había chamuscado gran parte del poco pelo que le quedaba. Miró la posada con desesperación, al igual que el resto de parroquianos, y los gritos de ira y resentimiento no tardaron en dejarse oír.

   - ¡¡Mi posada!! –se lamentaba Koron desesperado.

   - ¡¡La comida!! –sollozaban algunos viendo los restos del delicioso estofado esparcidos por el suelo.

   - ¡¡¡La cerveza!!! –lloraban desconsoladamente la gran mayoría observando el dorado líquido correr a raudales por el suelo de la posada.

Los parroquianos se incorporaban poco a poco y observaban los destrozos con creciente ira, cerniéndose sobre los hechiceros amenazadoramente.

   - ¡¡¡A por ellos!!! – gritó un hombretón que trabajaba en el pueblo como herrero, señalando a los asustados nigromantes y cogiendo el martillo con el que trabajaba de su cinturón. Los exaltados parroquianos, entre gritos de odio y venganza, se lanzaron sobre ellos sin dudar, olvidando todos sus miedos.

El joven hechicero del fuego, viendo la marea humana que se le venía encima pero sin encontrar ninguna escapatoria, ya iba a unirse a la pelea cuando una mano lo agarró del brazo y tiró de él hacia un rincón de la posada, haciendo que perdiera el equilibrio y cayera al suelo con un grito de sorpresa.

   - Por aquí, vamos- escuchó una voz de mujer que le apremiaba- ¿O prefieres morir aplastado?

Alzó los ojos y dio de frente con el rostro desafiante de Wincy, que aun sostenía la bandeja en las manos en actitud amenazadora. La siguió hasta detrás del mostrador, donde Koron impartía ordenes a los parroquianos como un general dirige a sus tropas en la batalla.

   - ¡ Vosotros, cargad por el lado izquierdo, están intentando huir! –se le veía realmente emocionado, el fuego de la venganza ardiendo en sus ojos y haciendo que pareciese diez años más joven.- ¡Tú, por allí asoma la cabeza de uno, arréale con la sartén! ¡¡Eso es, no dejaremos que salgan impunes de ésta!! ¡¡Uajaja!!

Wincy y el joven hechicero se escondieron tras el mostrador, al tiempo que una jarra pasaba volando sobre sus cabezas y se estrellaba contra la pared.

   - ¡Se han vuelto todos locos! –exclamó el joven horrorizado, al tiempo que lanzaba una mirada de miedo a Koron, que agitaba el puño y gritaba a la multitud con el rostro rojo de rabia. De pronto se volvió hacia la joven, como recordando algo, y le espetó a bocajarro- ¿y se puede saber qué hace una hechicera del agua como tú trabajando de camarera en una taberna?

Wincy lo miró entre sorprendida y confusa.

   - Pero si yo no soy...- intentó explicarse. Pero Koron se le adelantó, arrodillándose junto a ella con gesto protector y mirando al joven amenazadoramente.

   - Ella no es ninguna hechicera del agua ¿de acuerdo? No os la llevareis, no la alejareis de mi. Aquí está segura... si...- su mirada se perdió y siguió hablando para sí mismo, como intentando convencerse de ello.- aquí estará a salvo...

El joven frunció el ceño en un gesto de desaprobación y miró al posadero severamente.

   - Escuchad, a nosotros, los hechiceros, no podeis mentirnos. Sentimos su poder. Es una hechicera muy poderosa, aunque quizá ella lo ignore.- miró a Wincy con expresión triste, como adivinando gran parte de su historia, una historia que incluso ella desconocía.- ¡Si es así, debéis contarle la verdad! El peligro se acerca ¿es que no lo veis?- hizo un gesto con la mano, abarcando el conflicto que se desarrollaba a sus espaldas- Quizá esta vez hayáis tenido suerte, pero no podréis protegerla siempre. Debe aprender a desarrollar ese poder, a valerse por sí misma. No estará sola, os lo aseguro, – su rostro se suavizó en una cálida sonrisa al ver la expresión atormentada del hombretón- yo mismo seré su guardián, y la protegeré con mi vida si hace falta.

Koron jugaba con su delantal, mirando alternativamente al muchacho y a la confusa Wincy. Finalmente, suspiró resignado.

   - Koron, que...?- empezó Wincy, pero el posadero la silenció, al tiempo que empezaba a hablar:

   - Creo que tienes razón, joven hechicero.- se volvió hacia Wincy y le acarició el cabello con cariño, como le hacía de niña.- Wincy, quiero que sepas ante todo que si te oculté tu verdadero pasado fue con la intención de protegerte, porque pensé... que sería lo mejor.

  << Aun recuerdo el día en que aquel mercader de esclavos pasó por el pueblo. Tan sólo le quedabas tú, que contarías por aquel entonces con tres añitos. Nadie había querido comprarte, pues eras demasiado pequeña para trabajar. El mercader pasó dos noches en mi posada y cuando le pregunté qué pensaba hacer contigo, una noche en la que él había bebido más de la cuenta, me confesó que pensaba abandonarte en la próxima aldea a la que llegarais, pues no eras mas que un estorbo para él. Me horroricé ante ésta idea y te compré por unas cuantas monedas y tres jarras de cerveza gratis- el posadero soltó una queda risita, con expresión triste y melancólica, completamente perdido en el laberinto de sus recuerdos- pobrecilla... apenas eras algo más que un montón de harapos y hollín. Difícilmente se distinguía si eras niño o niña.

  << Cuando el maldito mercader hubo guardado el dinero a buen recaudo en su bolsillo, se volvió hacia mí con aire de intriga y me advirtió “ tenga cuidado con ésta mocosa” dijo “ me la entregó un mercenario que la encontró perdida en un bosque cercano a un poblado de hechiceros del agua. El poblado había sido arrasado y al parecer sólo ella sobrevivió. Le he cortado las membranas que suelen unir sus dedos, y si me permite un consejo, yo que usted le ocultaría su procedencia si quiere ahorrarse problemas. Por el bien de ambos, no le diga que es una hechicera del agua o lo lamentará”.

  << Así lo hice, pues ya por aquel entonces los hechiceros de los cuatro elementos empezaban a tener problemas con los nigromantes. Te dije que pertenecías a los Kekkai... aunque creo que tú nunca me creíste del todo ¿no es asi?

Koron observaba a Wincy con cariño y tristeza, sabiendo que de alguna manera, esto era una despedida. La joven miraba al suelo fijamente, asimilando todo lo que acababa de oír. Cuando habló, lo hizo con voz temblorosa, pero que fue adquiriendo fuerza a medida que las ideas cobraban forma en su cabeza.

   - Yo... si... de alguna forma, siempre lo supe. Cuando llovía o cuando miraba el agua... siempre sentía algo especial, el deseo de fundirme con ella, de ser uno solo.- miró ahora al joven, que sonreía más tranquilo- ¿pero qué se supone que debo hacer ahora que lo se?

   - Venir conmigo y mis compañeros, desarrollar tus poderes ¡yo te ayudaré!- le guiñó un ojo picaronamente- somos un equipo ¿no?

La sonrisa de Wincy se fue haciendo más grande, hasta estallar en claras carcajadas.

   - Iré contigo- respondió la muchacha, devolviéndole el guiño. Por primera vez en su vida, no tenía miedo.

 

***

La despedida entre Koron y Wincy no fue fácil. Había costado un buen rato devolver la paz a la alborotada posada. Los nigromantes habían sido puestos en manos de la guardia del pueblo y ahora mismo estarían disfrutando de una acogedora cena en su celda. Después de que recogieran y limpiaran todos los destrozos, lo que les llevó varias horas, y tras haber cerrado la posada, Koron acompañó a los dos jóvenes hasta las afueras de la aldea, y allí se despidió de la que siempre sería su hija.

   -Si tienes cualquier problema, te falta dinero o por cualquier razón quieres volver, que sepas que te estaré esperando con los brazos abiertos.- le dijo Koron con la voz quebrada por la emoción.

   - Lo sé- Wincy le dedicó una espléndida sonrisa.- Volveré cuando todo esto haya terminado.

El posadero la abrazó con infinito cariño y a continuación lanzó al joven que estaba a unos metros por detrás de ellos una severa mirada.

   - Más te vale que la cuides ¿me oyes?

El joven sonrió de medio lado y contestó con voz provocadora:

   - ¿Por qué? ¿no os entusiasma la idea de tener nietos?

   - ¿¿Qué has dichooooo??- exclamó Koron furioso, mientras Wincy enrojecía hasta la punta de las orejas.

   - Pues eso, viajando con una preciosidad semejante no me extrañaría nada que al volver os encontrarais con que no hemos desperdiciado nuestras noches juntos...- siguió despotricando el joven, hasta que Koron se lanzó sobre él y cayeron los dos al suelo mientras el muchacho reía y repetía una y otra vez que era broma.

Finalmente, se despidieron, y Wincy y el hechicero emprendieron el camino, dejando atrás a un lloroso Koron que se sonaba la nariz en su delantal.

Wincy se volvió hacia el joven.

   - ¿Viajaremos solos?- preguntó curiosa, al tiempo que se acomodaba la mochila al hombro. En ella llevaba comida y dinero, aunque no había podido encontrar una ropa cómoda para viajar ya que tan sólo poseía unos cuantos vestidos sencillos, y había tenido que cortar el que llevaba a los lados hasta algo por encima de las rodillas para poder facilitar sus movimientos.

   - ¡Oh, no! Mis amigos nos esperan a un par de kilómetros de aquí, tardaremos menos de una hora en llegar.

   - Aun no me has dicho como te llamas.- le recordó Wincy.

   - Hadet.- respondió el con una sonrisa- Y no olvides que soy tu guardián, intenta no darme sustos ¿de acuerdo?

Wincy le devolvió la sonrisa.

   - Intentaré recordarlo, Hadet.

 

 

 

 

NOTAS DE LA AUTORA:

En fin...aquí teneis el segundo capítulo de “la llave del poder”. Espero que os esteis aficionando a la historia!! ; ) Llegados a éste punto, tengo muchas ideas de cómo continuarlo, pero me gustaría que vosotros me dieseis las vuestras. Asi q ya sabeis, si se os ocurre algo, cualquier cosilla, mandarme un review y asi podre continuar la historia según lo q vosotros kerais.

Gracias a todos por leer mi fiiiic!!!!!!!

CUIDAOOOS!!!

 

Himquare03


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