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viviti

Tiempo

 

Kurai_megami, 2005-02-23

 

Las sombras bailaban dulcemente desdibujando los contornos de la habitación. Los últimos rayos de un sol perezoso jugaban a filtrarse por entre las cortinas, intentando pasar desapercibidos. Y uno de ellos, rebotó en la dorada esfera de aquel reloj que descansaba olvidado sobre la mesa.

Fijé mi mirada en él. Las agujas estaban quietas desde hacía tiempo, y el polvo lo cubría en gran parte. Lo levanté con delicadeza, como si todo el tiempo que el hubiese medido ahora estuviese atesorado entre mis manos, y soplé para quitarle el polvo. Sonreí.

Volví a recostarme en el pequeño sofá junto a la ventana, y abracé mis piernas sin dejar de mirar aquel reloj antiguo que a su vez me observaba desde su lugar en la mesa. Y de repente, la aguja volvió a moverse. Pero esta vez, hacia atrás. Un segundo, dos, tres... la aguja negra comenzó a girar y desconcertada, cerré los ojos.

No sabría explicar cual era el lugar en el que volví a abrirlos. Era una habitación... debía serlo aunque no tenía paredes, y yo lo veía todo desde arriba, como si volase o como si quizá estuviese en un pequeño balcón algo más arriba.

En frente, había una enorme circunferencia trazada en la nada. Como una ventana abierta al vacío. Tenía unos símbolos grabados, y no me costó demasiado darme cuenta de que eran números... una aguja giraba a una velocidad vertiginosa, y solo se veía la estela broncínea que dejaba a su paso.

Unas pocas velas de llamas azuladas y color carmín flotaban en el aire sin llegar a iluminar nada, quizá porque no había nada que iluminar en realidad. Marcando los vértices de un cuadrado imaginario, había cuatro enormes relojes de arena emergiendo de la oscuridad, la arena subía de abajo a arriba. Y en el centro de ese cuadrado, algo que antes había pasado inadvertido, una figura de pie, mirando a través de la enorme esfera de reloj.  Tuve miedo y quise esconderme, sin embargo entendí que ya sabía que yo estaba allí. Se giró y su amplia capa crujió al rozar ese suelo inexistente. Bajo la oscura capucha alcancé a ver el brillo de unos  ojos, y una torva sonrisa... Sentí un frío lacerante y me agarré con fuerza el pecho, y después, antes de poder distinguir si era un hombre o una mujer quien me dirigía aquella sonrisa, todo a mí alrededor se desvaneció entre los agudos pinchazos de dolor que me hacían perder el sentido.

 

Calor. Alguien acariciaba mi cara con infinita ternura y una mano cálida. Abrí los ojos, por un momento, fue él quien estuvo frente a ellos, pero solo durante un mínimo instante. Luego las imágenes cambiaron rápidamente y seguí reviviendo el mismo momento con distintos rostros. Me levanté sobresaltada. Las imágenes corrían por mi retina sin llegar a quedarse durante al menos una milésima de segundo para que yo pudiese interpretarlas.

Grité. Pidiendo, rogando que alguien parara aquello. ¿De quién era la mano que estaba pasando tan rápido las hojas del álbum de fotos de mi vida? Las hojas se rasgaban... se arrancaban... se perdían...

Un torbellino de amargos recuerdos y dulces sensaciones. De amable dolor y cruel alegría. Las más recientes lágrimas se juntaban con las más distantes sonrisas. ¿Quién había decidido volver a encerrarme en este maldito laberinto llamado memoria?

Rezaba a un Dios en el que no creía, agarraba una mano que nadie me tendía, respondía preguntas que nadie me hacía...

Y todo se paró. Podía haberse parado en cualquier lugar o en ninguno. Pero alguien decidió que fuese en aquel momento. Bajo la trémula luz de unas farolas, el viento soplaba frío, él aún cogía mi mano, nos hicimos un a promesa, y antes de sellarla con un beso... la imagen ante mis ojos, se evaporó.

Vi entonces caras sonrientes. "¡Venga! ¡Te estábamos esperando!". Eran las mismas personas. Los mismos rostros que incluso ahora, apenas había sufrido cambios, solo uno. Aquellas sonrisas. Corrí hacia sus llamadas, aquellas que tanto había anhelado volver a escuchar. Pero una mano me agarró del hombro y me frenó. Me giré para encontrarme. Con esos ojos brillantes y ese aire de suficiencia. Con esa decisión que tal vez podía llegar a parecer arrogancia. Y sobre todo, con algún sueño que defender. Mi reflejo me empujó. Caí al suelo. Me observé atentamente, pequeña como era entonces, aún creía que entendía las cosas. Me reía. Me reía de mí. "esto ya... no te pertenece". Mi otro yo se unió a las voces que la llamaban. A ella, no a mí... no, nunca más.

Oculté mi rostro con ambas manos, y lo que había sido un día soleado, se convirtió en una tarde gris y lluviosa.

 

Me desperté. El sol aún no se había escondido por completo. Yo seguía acurrucada sobre aquel pequeño sofá. "esto ya... no te pertenece" ¿la felicidad? ¿Las sonrisas? ¿Los recuerdos? ¿Mis sueños?... ¿mi pasado? Sonreí con ironía. "Lo sé, ya no me pertenece nada".

El reloj seguía sobre la mesa. Ahora funcionaba, y las agujas seguían su camino correcto. Miré la esfera dorada y vi reflejada aquella torva sonrisa que me habían dirigido en el sueño, y supe que incluso el destino en el que yo no confiaba, se estaba riendo de mí. Aparté la mirada, y dejé que mi mente volara lejos acunada por el acompasado sonido de las manecillas del reloj...

 

Notas de la autora:

Holaaas! Ayer no podía dormir, y se me ocurrió esto… siempre se me ocurren cosas a la noche, pero al día siguiente nunca las recuerdo así que no suelo poder escribirlas xD De esta si que me acuerdo básicamente por dos cosas, la primera, el reloj de Gackt cuyas manecillas van hacia atrás (que ha inspirado este relato, lógicamente) y segunda, que toy algo melancólica y no puedo dejar de recordar cosas que preferiría olvidar. Pero cuando no nos queda nada, tenemos la estúpida costumbre de aferrarnos a los recuerdos tergiversados por el tiempo… pero weno.. que se le va a hacer -_-

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